La calidad del agua es tarea de todos

 

Buenas prácticas - contaminación del agua

 

Cada uno de nosotros podemos aportar nuestro grano de arena para no deteriorar más los recursos hídricos, contribuyendo así al desarrollo y la dignidad humana.

 

  

 

El agua es un elemento esencial para mantener la vida y un factor determinante para el desarrollo social y económico, de ahí que su gestión sostenible se haya convertido en una cuestión prioritaria para la sociedad.


Pese a los esfuerzos que se vienen desarrollando en este sentido en las últimas décadas, el incremento de la población en las zonas urbanas y el desarrollo económico están provocando un continuo aumento de la demanda... y el agua es un recurso limitado: la cantidad que existe no varía. La ONU ha dado la voz de alarma al estimar que la demanda mundial superará en un 40% a los recursos hídricos existentes en 2030.

 

Solo en Europa, un tercio de la población vive en zonas urbanas y dependen de la calidad del agua que les llega a través de las redes de abastecimiento públicas. Hogares, industrias, comercios, hospitales, oficinas, restaurantes, hoteles, etc. necesitan diariamente una gran cantidad de agua. Pero más allá del abastecimiento en las grandes urbes, la falta de agua limpia y de saneamiento es una de las principales causas de pobreza y malnutrición en el mundo.


Junto con la escasez, la calidad es otro de los parámetros que preocupa. La acción del hombre está provocando igualmente una disminución de la calidad de las aguas superficiales, lo que se traduce en un incremento de los costes de depuración y, lo que es aún peor, en una merma del porcentaje de agua apta para el consumo humano.


Conscientes de esta realidad, instituciones públicas y otras organizaciones vinculadas con el gestión del agua y la sostenibilidad ofrecen con frecuencia consejos sobre la necesidad de hacer un uso eficiente del agua. Sin embargo, es menos habitual oír hablar de aquellas acciones que, desde el ámbito personal, pueden ayudar a mantener el agua en óptimas condiciones.


Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) de CuencaLas actividades humanas generan inevitablemente aguas residuales, entendiendo como tales aquellas que resultan después de haber sido utilizadas. Según la Agencia Europea del Medio Ambiente, solo el 20% del agua que se distribuye a través de los servicios públicos se consume realmente. El restante 80% retorna al medio natural. En una buena parte de los casos, lo hace tras pasar por un proceso de depuración que garantiza su inocuidad para el medio ambiente y posibilita su posterior uso. Sin embargo, en otros, puede llegar a masas de agua dulce y, de estar contaminada, poner en riesgo el ecosistema e inhabilitarlas para el abastecimiento humano.


Según la Ley de Aguas, la contaminación es "la acción y el efecto de introducir materias o formas de energía, o inducir condiciones en el agua que, de modo directo o indirecto, impliquen una alteración perjudicial de su calidad en relación con los usos posteriores, con la salud humana, o con los ecosistemas acuáticos o terrestres directamente asociados a los acuáticos; causen daños a los bienes; y deterioren o dificulten el disfrute y los usos del medio ambiente". Esta contaminación puede producirse de forma natural al entrar en contacto con sustancias existentes en la naturaleza o por la acción del ser humano.


El profesor de la Universidad de Navarra Luis Echarri afirma que hay un gran número de contaminantes del agua, pero se pueden agrupar en estos ocho grupos: 

    • Microorganismos patógenos: diferentes tipos de bacterias, virus, protozoos y otros organismos que transmiten enfermedades. Habitualmente, llegan al agua en las heces y otros restos orgánicos que producen las personas infectadas. La forma de medir la presencia de estos microorganismos es la detección de indicadores de contaminación fecal, como las bacterias coliformes.
    • Desechos orgánicos: conjunto de residuos orgánicos producidos por los seres humanos, ganado, etc. Si existe una gran concentración, agotan el oxígeno y condicionan la existencia de peces y otros seres vivos que necesitan oxigeno. Para estimar la concentración de estos residuos se mide la cantidad de oxígeno disuelto o su demanda biológica.
    • Sustancias químicas inorgánicas: ácidos, sales y metales tóxicos como el mercurio o el plomo. Su presencia en altas dosis puede causar daños a los seres vivos y mermar los rendimientos de las explotaciones agrarias.
    • Nutrientes vegetales inorgánicos: Nitratos y fosfatos que habitualmente provienen de aguas de escorrentía que han discurrido por campos cultivados con exceso de estas sustancias. Propician el crecimiento de algas y otros vegetales que, al morir y ser descompuestos por los microorganismos, agotan el oxigeno e imposibilitan la vida de otros seres vivos.
    • Compuestos orgánicos: entre ellos se encuentran el petróleo, la gasolina, los plásticos, los plaguicidas, los disolventes, los detergentes, etc. Son sustancias que pueden permanecer en el agua largos periodos de tiempo al tratarse de estructuras moleculares complejas difícilmente biodegradables.
    • Sedimentos y materiales suspendidos: partículas indisolubles que enturbian el agua y hacen más difícil la vida de los peces. Además, la acumulación de estos sedimentos puede destruir zonas de alimentación de desove y obstruir las corrientes de agua.
    • Sustancias radiactivas: isótopos radiactivos solubles que se pueden ir acumulando a través de la cadena alimentaria entre distintas especies animales y que pueden llegar a ser nocivos en elevadas concentraciones.
    • Contaminación térmica: el vertido de agua caliente puede elevar la temperatura del agua disminuyendo su capacidad de contener oxígeno.

 

La presencia de agua en la naturaleza con alguna de estas sustancias contaminantes puede poner en riesgo los ecosistemas acuáticos y tener efectos nocivos para la salud humana y el desarrollo social. Por ello, es necesario someter a las aguas residuales a un proceso de depuración antes de su devolución a la naturaleza.



Proceso de depuración

 

Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) de CuencaEn Cuenca, esta labor se realiza en la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR), ubicada en el paraje de El Terminillo y que se puso en marcha en 1995 con la misión de tratar el agua residual de la ciudad y devolverla al cauce del río Júcar tras comprobar que es inocua para el medio ambiente.


El proceso de depuración consta de varias fases. En primer lugar, el agua pasa por un sistema de rejas que retienen las partículas grandes que están en suspensión. Estos residuos se transportan a un vertedero.


A continuación, se separa la materia orgánica pesada, como la grava o la arena. En la misma zona, las materias grasas se elevan a la superficie y son removidas por un barredor.


En la siguiente fase, el agua se mezcla con fangos recirculados y es tratada biológicamente para eliminar el nitrógeno y el fósforo, entre otros compuestos nocivos. El fango utilizado en este proceso se aprovecha posteriormente para abonar suelos agrícolas.


Por último, y tras los correspondientes análisis para comprobar su inocuidad, el agua se vierte al río Júcar.

 

 

Calidad: un asunto de todos

 

¿Cómo podemos contribuir cada uno de nosotros para mantener la calidad del agua? Nuestros hábitos tienen una gran repercusión tanto si las aguas residuales son depuradas antes de volver a la naturaleza como si no lo son. En el primer caso, porque los costes del proceso de depuración están relacionados con el grado de suciedad. En el segundo, porque nuestros vertidos irán sin ningún tratamiento al medio natural.


Con pequeños gestos podemos contribuir a mantener el agua más limpia:

    • No utilizar el inodoro como papelera, evitando especialmente depositar:
      • Toallitas húmedas, pañuelos de papel, bastoncillos, compresas, pañales, etc.
      • Restos de comida.
      • Plásticos.
      • Cigarrillos.
      • Aceites vegetales usados y grasas alimentarias.
      • Pinturas, disolventes, limpiadores y otros productos químicos.
      • Objetos susceptibles de causar un atasco.
    • No abusar de lejías y detergentes en el lavado.
    • No arrojar basura a los arroyos, lagos, ríos, mares...
    • Controlar el uso de fertilizantes y pesticidas en el jardín.
    • Reducir el consumo de agua es clave para minimizar su contaminación.

 

Las palabras del secretario general de la ONU, Ban KI-moon, en el marco de la celebración del Día Mundial del Agua, el pasado 22 de marzo, indican el camino a seguir: "Para eliminar los múltiples problemas relacionados con el agua, debemos trabajar con un espíritu de cooperación urgente, con mente abierta a las nuevas ideas y la innovación, y dispuestos a compartir las soluciones que todos necesitamos para un futuro sostenible". Cada uno de nosotros podemos aportar nuestro grano de arena para no deteriorar más los recursos hídricos y contribuir al desarrollo y la dignidad humana.