Depuración


La Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) se puso en marcha en 1995 para recoger todo el agua residual de la ciudad y devolverla al cauce del río Júcar en las condiciones legalmente establecidas.

 

Entre 1995 y 2003, fue gestionada mediante una concesión administrativa a la empresa constructora. Los dos años siguientes se gestionó de forma directa por el Ayuntamiento de Cuenca, pasando posteriormente a ser responsabilidad de la empresa municipal Servicio de Infraestructuras Municipales de Cuenca (SIMc). Desde enero de 2013 es competencia de Aguas de Cuenca.

 

Se encuentra situada en el paraje El Terminillo, a dos kilómetros aguas abajo de la ciudad. Tiene una capacidad de depuración de 24.000 m3 de aguas residuales por día, lo que sería suficiente para prestar servicio a una población de 136.000 habitantes.

 

Las aguas residuales llegan a la depuradora por medio de un colector de 2.000 mm de diámetro.

 

En una primera fase, las aguas pasan por un sistema de rejas de desbaste automático, en el cual se retienen las partículas grandes, mayores de 10 mm. Los residuos sobre las rejas se depositan en un contenedor y se transportan a un vertedero.  

Instalaciones de la depuradora de Cuenca I Instalaciones de la depuradora de Cuenca II Instalaciones de la depuradora de Cuenca III

A continuación, las aguas pasan al desarenador-desengrasador, en donde se separa la materia inorgánica pesada, como grava y arena. Las materias grasas se elevan a la superficie y son removidas por medio de un barredor. Estas grasas son evacuadas y tratadas por un gestor de residuos autorizado.

 

Tras este fase, las aguas pasan al tanque biológico para fósforo, donde se mezclan con fangos recirculados. Seguidamente, discurren hasta los tanques de aireación, en los que se tratan biológicamente para eliminar el nitrógeno y el fósforo, entre otros compuestos nocivos.

 

Las aguas tratadas biológicamente se llevan desde los tanques de aireación a los decantadores para sedimentar los fangos activados que, tras el correspondiente tratamiento, se almacenan en un silo de 75 m3 de capacidad para su posterior uso como abono de suelos agrícolas.

 

Finalmente, tras ser sometidas a análisis para comprobar su inocuidad para el medio ambiente, las aguas tratadas se vierten al río Júcar, completando así el Ciclo Integral del Agua.